La llamada de la sombra
Adaptación: Marciel G.
El jueves santo comenzó como cualquier otro día. Mi padrastro llegó tarde, exhausto de descargar mulas de comida. La noche avanzó y mi mamá se alistó para ir a la casa de los vecinos a ver una película de Semana Santa, ya que nuestro televisor estaba dañado. Supuse que me llevarían con ellos, pero mi mamá me pidió que cuidara a mi hermano menor, Wuilian. Sentí una mezcla de rabia y celos al ver que se llevaba a mi hermana en lugar de a mí. Los acompañé hasta el portón y luego, con la rabia aún ardiendo en mi pecho, regresé a la casa.
Wuilian ya estaba dormido, y nuestra paloma blanca, que había llegado hacía unas semanas, descansaba tranquilamente. Apenas pasaron quince minutos cuando escuché un ruido en la cocina. Fui a investigar y vi un gato. Lo levanté de una patada, pero lo que me dejó sin palabras fue cómo llegó a la pared tan rápido. No le di más importancia; después de todo, solo tenía seis años.
La cocina estaba hecha de tablas de madera, y había pequeñas rendijas por las que se podía ver de un lado a otro. Volví al cuarto y me senté al lado de mi hermano. De repente, un golpe resonó en la pared de tabla. Pensé que era mi padrastro, pero luego me dije a mí misma que él no jugaba así conmigo. Miré a través de la rendija, pero no había nadie. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral.
Entonces, se escucharon rasguños en la pared. Mi mente insistía en que era mi padrastro, pero cuando vi los primeros dedos negros asomarse, supe que no era él. Eran más oscuros que la misma oscuridad. Cuando la mano salió por completo, vi que estaba mocha y se movía de un lado a otro. Me quedé paralizada mientras comenzaba a llamarme, moviéndose como si alguien me llamara con la mano.
