Una arpía de la noche

Autor: Marciel G.

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Hay historias de miedo donde la criatura no viene a atacarte: viene a confundirte. Este relato sobrenatural cuenta la historia de un joven que, al volver de casa de su amada, escucha su voz llamándolo desde una calle oscura y la sigue hasta un barranco. Lo que encuentra allí no es ella, sino una arpía antigua que se disfraza con el rostro de los seres queridos para alimentarse de la inocencia. Una historia de demonios y apariciones donde una sola oración puede romper el hechizo… si llegas a tiempo. Si La carretera del horror te heló con su suplantación, esta arpía te va a dejar mirando dos veces a quien te llame de noche.

En una noche, un joven se sumergió en una odisea de misterio y terror que todavía persigue su mente hasta el día de hoy. Dejemos que el viento inquieto sople y revele los secretos de aquel escalofriante episodio.

Era un tiempo de juventud para él, cuando el amor era un incendio ardiente que quemaba en su pecho. Su corazón pertenecía a una doncella de belleza sin par, una joven cuyo rostro brillaba como el sol en un día de verano. Juntos, se aventuraban en paseos que prometían eternidades y promesas bajo la luna.

Una tarde, como muchas otras, se despidió de ella frente a su hogar cuando el sol comenzaba a hundirse en el horizonte. Pero lo que parecía ser una despedida rutinaria se transformó en un enigma inquietante cuando los padres de su amada lo invitaron a entrar en su morada.

El tiempo parecía disolverse en las sombras mientras compartían conversaciones triviales y tazas de té humeante. Sin embargo, cuando finalmente decidió emprender el camino de regreso a casa, las horas se habían desvanecido en la negrura de la noche.

Las calles del pueblo, normalmente tranquilas, ahora se extendían ante él como corredores de un laberinto oscuro. En su camino, una calle se reveló más oscura que las demás, como si las sombras mismas hubieran tejido un manto denso y opresivo.

Fue entonces cuando apareció; ahí estaba ella, llamándolo.

Una figura familiar, apenas visible entre las sombras. Su corazón latía con temor mientras reconocía los rasgos de su amada. Una voz susurrante rompió el silencio:

—Ven... sígueme...

Murmuró, como una melodía siniestra tejida entre sombras. El joven, atrapado en un trance hipnótico, avanzó hacia la figura que se desvanecía en la negrura, pero algo estaba mal. Sus movimientos eran etéreos, su llamado, una voz cargada de miedo.

Sin pensar, sin aliento, el joven se dejó arrastrar por el hechizo de aquella presencia sobrenatural. Paso a paso, la siguió más allá de la razón, pensando que era su amada, hasta que su mente se convirtió en un torbellino de oscuridad y confusión.

Fue solo cuando pronunció una oración en un acto desesperado que la neblina de su mente comenzó a disiparse. Los ojos, finalmente despejados de su trance, se posaron en el abismo que se extendía ante él. Allí, flotando sobre el vacío del barranco, yacía la figura de su amada, con ojos sin vida que lo miraban con una súplica silenciosa.

Un grito desgarrador rasgó el silencio de la noche cuando la verdad se reveló en toda su horrible magnitud. La joven que había llamado su atención no era más que un engaño, una ilusión tejida por manos demoníacas para arrastrarlo hacia la perdición.

Pero lo que antes era la imagen de su amada, ahora era una visión de pesadilla: un demonio retorcido, con ojos ardientes y una sonrisa malévola que destellaba en la oscuridad. Flotaba en el aire, sin pies que tocaran el suelo, su presencia emitiendo un aura de terror indescriptible.

El joven, preso del pánico, retrocedió con un grito ahogado, mientras el viento silbaba con una furia descontrolada a su alrededor. Cada ráfaga parecía llevar consigo el eco de un lamento angustiado, como si la misma noche estuviera viva con la malicia de aquella entidad maligna.

Con el corazón golpeando contra su pecho, el joven huyó del lugar, con aquella risa macabra del demonio persiguiéndolo en la oscuridad.

Se dice que aquel ser, aquel demonio que se disfrazaba con la apariencia de seres queridos, era una entidad antigua y maligna que se alimentaba de la inocencia y la fe de aquellos que se atrevían a seguir sus engañosas llamadas. Adoptaba formas familiares para engañar a sus víctimas, llevándolas a las profundidades del abismo con promesas de amor y compañía, solo para destrozar sus almas en la oscuridad eterna. Una arpía de la noche, acechando en las sombras, esperando a que los incautos cayeran en su trampa mortal.

Figura femenina espectral flotando sobre un barranco de noche, relato de terror sobrenatural sobre una arpía que suplanta a los seres queridos

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El joven huyó con la risa de la arpía persiguiéndolo, y desde entonces no camina solo por calles oscuras. Si este relato del demonio que suplanta a los seres queridos te dejó con la piel erizada, no cierres todavía: en Elixir de Miedo hay tres historias más donde las criaturas toman rostros conocidos, los hechizos se rompen tarde y los barrancos, los puentes y los caminos guardan algo que no debería estar ahí.

La Serpiente Seductora — Un joven descubre que durante un mes su novia fue suplantada por una serpiente que toma forma humana en el callejón. Comparte con Una arpía de la noche el eje del ser que se disfraza con el rostro de la persona amada y que solo se revela en la oscuridad.

La anciana del pilar — Un joven velador descubre que una anciana quedó atrapada en el pilar de un puente en construcción, y desde entonces ella lo persigue pidiendo ayuda. Comparte con Una arpía de la noche el escenario de un lugar al borde del camino (barranco, puente) donde una presencia atrapada se manifiesta a quien se atreva a pasar.

El Paso del Condenado — Un jinete en Azángaro descubre que ayudar a una mujer de blanco a cruzar el río puede costarle el alma. Comparte con Una arpía de la noche el eje del aparecido en el camino que se disfraza de persona necesitada y que solo busca llevarse a un vivo consigo.

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